Una Corte Real

"Una Corte Real" es un proyecto literario unipersonal llevado a cabo por el dueño del blog. Aquí intentaré narrar una historia de Cortesanos [Definición]. Estos personajes son impredecibles para el lector desatento. Quien lea con la pasividad clásica se llevará grandes sorpresas al notar actitudes extrañas. Por eso has de estar atento y perseguir cualquier pista.

Esta historia si hay algo que no es, es "real". Nada de anécdotas disfrazadas, testimonios relatados ni historias verídicas. Bajo un manto de adornos narrativos y disfraces que aparentan personajes comunes se esconde la verdad de la historia.

La publicación será todos los días Viernes a las 21 horas; obviamente con margen de retraso y posibilidad de cambio de estas fechas. Una vez dicho esto, espero les deleiten los episodios.

27 de diciembre de 2007

05 - El Punto mayor

Aquella mañana Minero se despertó extrañado, sabía que algo estaba por suceder. Bajó a la cocina y un
- Leche con frambuesas –
hizo que todo empezara a funcionar paso a paso. Luego fue al comedor a esperar, y al mirar la silla cercana a la puerta sintió una punzada en lo más hondo de sus entrañas, entre la conciencia y la intuición. Ya la había elegido, pero hubiera deseado no haberlo hecho. Se sentó pensativo y buscó en sus bolsillos la esmeralda que suponía lo llevaría a la verdad. Miró su filo, en esa zona que no era ni un lado ni el otro, e intentó ver por allí, como si esa grieta espacial lo llevara a algún lado. De todas formas él ya sabía que por más pequeña que fuera esa gema haría que nadie pudiera ocultar la verdad. Pero buscaba manipularlal, llegar a otras gemas mejores a través de ella.
Poco a poco el mesón se fue poblando de cortesanos inquietos, entre los que vio al nuevo Juglar. Entonces debió abandonar sus tareas y fingir alegría. Reflexionar junto al asistente del rey que “su alteza” estaba mucho mejor desde la llegada del nuevo Juglar, que era una excelente persona; decirle al primo de la realeza que las nuevas decisiones sobre la recolección de impuestos que había propuesto harían que de una vez por todas las cosas funcionaran y saludar fugazmente a la esposa de un ministro.
De pronto llegaron los desayunos. Vio su tazón y quedó perplejo. Revolvió ansioso con la cuchara, no podía ser. Nada. Revolvió y revolvió, y supo que no podría comer eso, que caería muy bajo. Porque entre una de las frambuesas se había colado un poco de nada. Tuvo la peor sensación de todas. Supongo que algo que si le pasara a cualquiera de nosotros se sentiría igual. Imaginen que la nada entre por la ventana y se quede en nuestro cuarto, por más que sea en el rincón más oscuro pero ahí sentada... amenzando invadir. Que se escurra por debajo de la puerta y se nos suba a la cabeza, o peor aún. Que aquellos versos tan delicados y consagrados se llenen de un día al otro de nada y mueran, se marchiten. Imaginen ir caminando, hablar con tu compañero, con quien sea, darse vuelta y sentir que no hay más que nada en nuestra boca y no tener herramienta con qué seguir; y correr el riesgo de llenar esa nada con la primer estupidez del de al lado y condenarse a eso. Todo esto se le cruzó por la cabeza a Minero, que no seh abía percatado de que acababa de revolear el tazón, y se encontraba aquel primo gritandole.
-¡Juglar! ¡Suponíamos que la disciplina de esta corte ya era vuestra, que no volverías a los bajos fondos de los que seguramente viniste! Oh, que insensateza haberte aceptado aquí. Todos sabíamos que tarde o temprano cederías a tus impulsos, pero claro... si por más que quisieras no serías un gran cortesano, por más privilegios que te cedieramos. Vamos, llamad a los guardias para que lo expulsen de una vez, todos saben que Rey haría lo mismo que estoy haciendo yo, y habría que esperar días para que llegue una contestación de él. No hay tiempo que perder, hay que actuar rapidamente. También hagan desalojar su cuarto, que inmediatamente debemos cortar las cosas por las rai\. – De repente calló. Toda la sala lo miró, y vio como sus ojos se dirigían a la puerta lateral. Allí estaba Principezza, y un tanto por detrás el aprendiz.
- ¡Calla ya y deja a tu par en paz! – La voz de ella retumbó en toda la sala, chocó con el techo y golpeó en la mirada de este primo. Sin embargo no le sacó los ojos ni por un instante para parpadear– No quería interrumpir la reunión, pero fui anoticiada de este incidente y procedí lo más rapido que pude. Nunca fue mi intención conseguir todas estas cuotas de poder, pero el Rey firmó ayer por la noche antes de salir a su expedición que soy la Cortesana Mayor. Por lo que en este castillo, no es usted – Y en ese momento los ojos relampaguearon y por poco no prendieron fuego al chocarse en chispas– quien da las órdenes. Todos prosigan normalmente, y anulen las últimas órdenes de este señor. –
La sala entró en rumores. Ya Minero se levantaba, podía ver su tazón despedazado en el suelo, y cómo se le acercaba su pequeño aprendiz. Lo agarró de la mano y lo llevó a su cuarto en lo que fue un abrir y cerrar de ojos.
- ¿Qué le pasa señor? –
- Oh, no te preocupes. Tan solo nada... – Rio un poco, esa paradoja lo hacía tan sincero y engañaba tanto. Pero su pequeña carcajada frenó en seco al instante. Vio a Juglar y su gesto no se había alivianado, todo lo contrario. Como si sus palabras fueran continuación de los pensamientos en los que estuvo perplejo, contestó.
- ¿Temió llenarse con las escorias del salón? Oh, yo no estaría tan jocoso estando a punto de que dentro mío aparezca otro cortesano, mi señor. - Por primera vez en mucho tiempo, Minero sentía esa sensación. Sentir que no tenía que mentir, que podía hablar sin ningún manto en sus palabras y sin tener que fingir idioteces.
- Yo me lo busco. De hecho, ahora que lo veo bien yo busco absolutamente todo esto, como si hubiera planeado perpetuamente llegar al punto, así como tú lo buscaste trayendo a Principezza al castillo, corriendo a por ella para evitar que me echen, levantarme tan rapidamente. Yo busqué esa nada por siempre. Y no por placer, por sacrificio. Bueno... ¿sacrificio?... sabía que de tanto fingir ser ese Juglar, ese Minero y ese gran Cortesano... que de tanto acordar algún día olvidaría quién soy. Y algún día me impregnaría de nada, como me habría pasado si hubiera desayunado hoy. Y también pareciera que los dos buscamos estar aquí sentados, justo arriba del pasadizo que lleva – Su mano se movió, sacó la esmeralda que había observado en la mañana y la colocó en un lugar del suelo que parecía un hueco. Entonces, se empezó a mover lo que parecía una trampa y en unos pocos segundos llegaron - a la mina secreta. - Era extraño estar charlando en esa cueva iluminada por unas velas que tan solo alcanzaban a darle brillo a los ojos, y a pequeños puntos que Juglar sabía eran piedras preciosas. Y saber de repente tanto. – Claro. Es como el péndulo. Así como tú eres el lado izquierdo yo soy el derecho, así como tú vienes de las artes yo de las ciencias más profundas, la alquimia de la roca más enterrada, y nos juntamos y formaremos el péndulo que va adelante. O no. O tan sólo nos chocamos para que yo tenga las fuerzas para volver a la derecha, para avanzar en esas profundidades desconocidas y superar los límites. Sí. Chocamos para llenarme de verdad nuevamente, aunque esta no sea la misma. ¿Sabes algo? Sí, si que lo sabes, tú sabías más que yo cuando llegabas al castillo. ¿O no? –
- No tanto como ahora. Pero sí muchas de esas cosas que usted fue alumbrando en su mente ahora mismo. Supe que usted nunca fue el Juglar que mintió a todos, o el Minero que acaba de reconocerme le mintió al Rey. Y también supe que ese Rey no era más que el títere, aunque probablemente usted también lo sea. De todas formas señor, me alegra su confianza en mí, y me encantaría poder ser su real aprendiz. -

8 de diciembre de 2007

04 - Retazos

Una vez que se revolcó en el suelo lo suficiente marchó a subir las escaleras. Que alguien lo viera era lo que más le aterrorizaba... atravesó la recepción en puntas de pie. Contener aquella furia le significaba un remolino de recuerdos. De pronto se vio antes de títulos y responsabilidades, de “Señor Juglar” o “Noble asistente”, lejos de todas esas cosas que nada le importaban.
Allí estaba en la plaza. Contando a su hermana cómo había logrado que el perro no se escapara. Que “¡Pegué una salto de otrora!”, “Arañando su piel lo contuve de...”, y “...por poco me salvé de su tarascón.”. Ella lo miraba... lo admiraba. Él, tan grande y diestro en sus movimientos; ella, no más que una espectadora, una que ve el gran hecho y sólo observaba. Pero todo eso no le incomodaba porque bien sabía que sin ella él no sería y la nada sería y el todo ya no.
El relato se desvaneció de golpe y porrazo. Un ruido despertó a Juglar de ese estado de ensueño y se encontró subiendo las escaleras. Se detuvo en seco y con el rabillo del ojo miró hacia la puerta. No había nadie, la había cerrado el viento. Ya a salvo de miradas volvió a sus pensamientos. Rabillo... esa palabra le traía magia a la mente.
-Tenés que pensarlo un poco nomás. ¡Si tan sólo dejaras de mirar al tarado ese del banquito y escucharas cuando hablo!-
Su hermana tenía más arrugas que nunca. Él estuvo a punto de decírselo, pero el del banquito estornudó de una forma curiosísima y no pudo evitar desconcentrarse. Cuando volvió la vista a ella, notó que le tocaba contestar. No serviría volver a decirle que no le entendía. Seguro le había hablado del viejito.
-¡No es cierto! ¡No estoy mirando al viejito ese! Nomás que no me da la cabeza...-
-¡No me mientas! ¡Los dos sabemos que lo estás mirando con el rabillo del ojo! – Vociferó la joven. No le gustaba hablarle de ese modo. Pero sabía que él era muy capaz y que tenía que poder ayudarla. ¿De qué le servía a ella que en su casa le aprobaran todas sus teorías y palabras dulces? ¿De qué le servía que su padre fuera el reconocidísimo poeta y su madre la reluciente pintora? De nada si no se le plantaban con el pecho hinchado. Como hacía su hermano al ocurrírsele la forma de rebatirla.
-¿El rabillo? Siempre inventando palabras vos, no te cansás eh. –Inventó rápido. Pero vio que su cara estaba a punto de empeorar y se retrucó de inmediato – Pero no, mi bella principezza. Si usted sabe que su poesía podría voltear al príncipe más poderoso y comer el corazón de quien quiera. Nada más que ese viejito con todas esas piedras me distrae mucho. Mejor vamos a casa y me seguís contando ahí, ¿sí?-.
Había zafado una vez más. Pero de esta le estaba costando zafar, no era lo mismo. Ya estaba en su piso. Ahora atravesar el pasillo y ya habría llegado la habitación. Miró a la izquierda y a un paso había un hombre con la ropa un poco desgarrada, la cara todo arañada y extremadamente agitado. En un parpadeo notó que era un espejo y lanzó algunos insultos hacia sí mismo por su estupidez.
Llegó al cuarto. Buscó entre sus cosas aquella media piedra en forma de corazón, pero recordó que se la había dado al alquimista. Se tiró en esa insulsa cama de madera que de seguro había sido hecha industrialmente y otra vez sintió que se hundía en los pozos del recuerdo.
-¡Sos un tarado! Veintitrés años para nada... Mamá y papá luchando por sobrevivir y vos como un rey tirado en tu cama leyendo. Si ya sabés que el rey sacó a nuestro príncipe y que ahora vamos a tener que volver al trabajo duro, como dice papá. ¡Y vos seguís con esas historias del diablo!
El semblante de la joven últimamente estaba igual. De esa forma que tanta gracia le causaba a su hermano. Por eso no la miraba, no por lo interesante que fuera el libro de esgrima. Pero la escuchaba atentamente. No podía creer que ella, justamente ella, le dijera todo eso. Ella que si moviera sus cabellos en la corte tendría oro para construir un castillo. Que si quisiera podría hacer lo imposible...
-¡Vos sos la que está con las historias del diablo! No te das cuenta de nada, pareciera que ese rey te hubiera cerrado los ojos- De pronto se había parado. Su pasión no aguantaba un segundo más por destaparse. Le agarró sus dos manos y se puso frente a frente. Estaba ahí, tan cerca, y ella seguía sin abrir los ojos. Su cara había vuelto a la normalidad. Pero él no aguantó más y escupió sus palabras. – Si sabés bien que con toda tu magia y tus palabras podés adueñarte del mundo. ¿No estás cansada de que te lo repita? ¿Cómo querés que te lo diga?
Entonces aventuró sus labios. Hizo lo que quería hacer desde el rabillo. La palabra esa le recordaba la belleza de la joven. Estaba por fin conociendo la boca de su principezza, y era todo y más de lo que él quería. Era un sabor a magia inagotable.
Pero ahora en la corte sus labios estaban secos. La habitación le sobraba sin ella, y la cama le asfixiaba. Pensar que su cuarto, con las paredes grises y el olor que tenía, le habría sido más cómodo. En sí toda su vieja casa era mejor que el vació castillo. Pero no le habría gustado volver al patio. El patio donde se despidió de su único amor, donde rompieron su piedra en forma de corazón y cada uno tomó su parte. Donde se vieron por última vez hasta ahora. Ahora que la magia estaba en el rey, y que era solamente suya. “Solamente suya”. Esas dos palabras le torturaban la cabeza. Hasta que volvió a sentirlas y se alegró. “Solamente suya”... ahora la voluntad del rey era solamente de ella.

30 de noviembre de 2007

03 - La principezza

Al juglar siempre le cautivó la idea de ir más allá. De superar la barrera de lo realizado y pasar a ser parte de mitos e historias contadas. Es por eso que se esmera en cantos y relatos. Inclusive aprendió maravillas propias de éeroes... o de poetas. Sus cuentos están protagonizados por campesinos avaros, caballeros dudosos y reyes etéreos que se desvanecen en pocos años. Cada batalla contada por más que sólo haya sido mencionada al pasar es encarnada al rojo vivo explicando técnicas y rarezas. Pero un día la pasión de sus relatos fue más allá y escapó su propia voluntad.
Comenzó con la historia de una dinastía desterrada. El monarca incentivaba la poesía y el resto de las artes. Un ogro invasor ayudado por campesinos al grito de "Más pan y menos palabras" lo echó. Entonces la familia comenzó a vivir en un bosque. El padre todos los días se ocupaba de recoger leña, cazar algunos animales de los más feroces y extraer hierbas por donde pasara. Al llegar lo esperaba una comida preparada por su esposa durante todo el día, quien además se encargaba de sacar brillo a todas las joyas reales. También era recibido por su hijo, quien le demostraba alguna técnica de esgrima aprendida en su ausencia o una ratita que había logrado capturar con su arco. El rey... el príncipe... y la principezza. Juglar dejó de hacer todos los ademanes habituales, como al niño intentando cazar la rata. La puerta de la sala mayor del palacio se abrió de par en par tirando abajo algunos cuadros. La principezza hizo muestras de extrema galanura, saludó cortésmente al rey y prosiguió a explicar sus labores en el bosque. Luego la historia derivó en la vuelta del rey al poder. La encrucijada que espías del ogro le montaron y que llevó a la muerte de la reina. El regreso, la venganza y todas esas cosas. Finalmente en toda la sala se escuchó con el máximo de los silencios "El linaje continuó por cinco generaciones, tras la cual hubo tres más y después vino la catástrofe. Pero esa... esa es otra historia". Y haciendo el gesto de cerrar un libro, se despidió.
Recorrió los pasillos hacia el patio. Caminaba con el pecho hinchado pensando en cómo contar a los otro empleados que había logrado lo imposible. Tal vez hacer acto de humildad. Decir que sin las sabias enseñanzas de su maestro, el anterior juglar, no lo habría logrado. Aunque claro que en tan pocas semanas haber aprendido esas cosas era símbolo de su genialidad. Ya veía a la ama de llaves carcajeando y gritando, al cocinero reventado de envidia y a la pequeña mucama mirándolo con la mayor de las concentraciones. Ya se imaginaba terminando todo su discurso diciendo que había “enamorado al rey de una don nadie”.
Pero grave fue su pesar al darse cuenta. Al recorrer el camino con la mente en segundos y notar lo penoso. Hasta que llegó al momento adecuado y frenó la vista. Él saliendo, la principezza sentada. Y el rey levantándose para saludarla como si ella fuera todo eso. No pudo volver por sus altos delirios de grandeza, por no poder rebajarse. Corrió a los grandes jardines a gritar con toda su furia por la pérdida que acababa de tener.
Luego se enteró de que para ella se dispuso una habitación. Vinieron sastres y joyeros a vestirla a medida. El rey quedó encandilado y no le sacó sus ojos durante toda la noche... ni toda su vida.
Grave fue el pesar al caer en la cuenta de que la historia se había ido de sus manos. De que por más que gritara y se desgarrara la voz nada cambiaría. Pero mucho más grande fue su alegría al pensar que todo estaba en sus manos.

23 de noviembre de 2007

02 - El Minero

El minero es un personaje más de estos parajes.
Largas y arduas jornadas en las subterráneas minas le hacen merecerlo. Jornadas que sólo son interrumpidas por algún café o unos pocos panes aportados por los empleados de "más arriba".
En total debe tener la superficie de un castillo. Manzanas y más manzanas, con pasillos y esquinas recónditas. Parece increible que sea obra de una sola persona. Los túneles se con las paredes apuntaladas adecuadamente. Miden aproximadamente tres pies de ancho por cinco de alto. Cada trescientos cincuenta yardas se encuentran pequeños lugares de descanso donde hay agua y bandejas para dejar residuos y recibir comida. La iluminación es a través de tubos que recorren todo el túnel, los cuales están llenos de un gas blanco que brilla por la magia de un gran diamante que se encuentra en la parte más profunda de la mina.
En la entrada se dividen dos caminos. Uno lleva a diamantes y el otro al resto de las gemas. A su vez, el segundo luego se subdivide en siete. Uno de ellos lleva a rubíes y zafiros, otro a esmeraldas, aguamarinas y parecidos. El resto a diversas joyas. Todo esto es recorrido por una sola perona: el minero. Y lo peor es que nadie excepto él sabe con exactitud dónde queda...
Escucha todos los dilemas del rey. Ambos debaten de la vida durante largas horas.
Cuenta uno de los asistentes del rey que pudo escuchar una de las charlas. Entró a la habitación para cambiar el agua real. En medio de su tarea levantó la vista. Comenta que cuando miró los ojos del minero, volcó todo el agua que estaba sirviendo. El semblante de este había cambiado completamente. Escupió la frase "Los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan y todas las verdades son a medias.", y calló volviendo a la normalidad. Como si la tierra estuviera por partirse dijo "No me haga caso... que el rey reine, el minero mine y el juglar entretenga". Así siempre consigue la risa del rey. Como si fuera un auténtico juglar. Se adecua de una manera icreíble. Olvidando quién es, se convierte en un minero muy simpático.

Las cortes del rey siempre tuvieron algo llamativo. Entre escribas, ministros, familiares y pensadores se encuentra un juglar. Y no como aquellos siervos que dan vueltas en el palacio. No, es un verdadero miembro de la corte. Inclusive tiene un cuarto inmenso para sí, en el segundo piso del palacio. Aunque nunca lo use. Va y viene a su gusto, y siempre que está en el palacio se dirige directo al rey. Nadie lo cree eficiente. Es que no logra sacarle ni una sonrisa al soberano, sino todo lo contrario. Como si esto fuera poco, se encierran durante largas horas luego de las cuales el rey da varias órdenes importantes y se encamina a expediciones interminables.
Cuenta el escriba personal de actas del rey habló de este personaje dijo que a pesar de no parecer ser quien es, es muy agradable. Dice que quien hable con él... concuerda. Ya sea de políticas, situaciones generales, o chistes de salón. En todo es agradable, en todo es cordial... Se adecua de una manera increíble. Olvidando quién es, se convierte en un juglar muy simpático.

16 de noviembre de 2007

01 - El Rey

Ábranse las puertas. Revienten de envidia los desgraciados que quieran mirar. Y revienten de desgracia los mirones que no quieran envidiar. Porque el rey todo poderoso atraviesa con galanura pasillo tras pasillo. Todos saben que llegará a la majestuosa entrada del castillo, donde lo espera la multitud. Lo que nadie sabe es con qué magnífico truco sorprenderá.
El rey es un personaje de los más interesantes que atraviesan estos parajes. La magnífica realidad... asombra. Él, soberano de todas estas tierras, siempre viste anillos, collares, atuendos especiales y otro tipo de rarezas de dudoso origen. Pero esto ¿Qué tiene de interesante? Pues la verdad estoy por contar. Este rey no es cualquiera, y su soberanía no viene de un Dios todopoderoso. Porque para empezar, los habitantes de este lugar no creen en él-en el Dios todopoderoso-. No ven prueba alguna de su existencia, pero sí se dejan llevar por divinidades misteriosas y fácticas. Como decía, la soberanía del rey no viene ni de este Dios, ni siquiera de estas divinidades, sino de él mismo. Ya que todas estas joyas tienen, cada una, una particularidad diferente.
Conocido fue el episodio en que portó el anillo de la invisibilidad, la joya más llamativa de todas. Se encontraba en el banquete cenando alegremente cuando se despidió con un "Adiós". Todos miraron a él, e inmediatamente se lo dejó de ver... ¡Despareció!. Sin embargo, se le escuchó dirigirse a su cuarto.
Pero más allá de esta trivialidad se encuentran las verdaderas rarezas. Vamos, que alce la voz quien escuche por primera vez historias de desaparecidos. Lo importante radica en otras partes. Collares de la inmortalidad o la juventud, aros de la suerte y anillos de fuerza son parte de su tesoro. Lo sorprendente es que siempre, este majestuoso personaje, presenta algo diferente en sus arreglos. Algo nuevo que nadie conoce. Y lo misterioso es saber de dónde saca semejantes rarezas.
Algunos hablan de regalos, otros de noches de estudios en sótanos secretos. Cuenta uno de los empleados del castillo, un asistente de cocina, que lo vio por las noches caminando sigilosamente hasta desaparecer desprevenidamente -como es lógico de esperar de alguien que posee un anillo de invisibilidad- y reaparecer horas luego.
Entonces digo, y espero me acompañen, ¡Que se abran las puertas! Y que el encuentro se produzca. Vamos, Juglar, desafía al rey, que la muchedumbre te observa...

15 de noviembre de 2007

La Corte Real

"Una Corte Real" es un proyecto literario unipersonal llevado a cabo por el dueño del blog. Aquí intentaré narrar una historia de Cortesanos [Definición]. Estos personajes son impredecibles para el lector desatento. Quien lea con la pasividad clásica se llevará grandes sorpresas al notar actitudes extrañas. Por eso has de estar atento y perseguir cualquier pista.

Esta historia si hay algo que no es, es "real". Nada de anécdotas disfrazadas, testimonios relatados ni historias verídicas. Bajo un manto de adornos narrativos y disfraces que aparentan personajes comunes se esconde la verdad de la historia.

La publicación será todos los días Viernes a las 21 horas; obviamente con margen de retraso y posibilidad de cambio de estas fechas. Una vez dicho esto, espero les deleiten los episodios.