"Una Corte Real" es un proyecto literario unipersonal llevado a cabo por el dueño del blog. Aquí intentaré narrar una historia de Cortesanos [Definición]. Estos personajes son impredecibles para el lector desatento. Quien lea con la pasividad clásica se llevará grandes sorpresas al notar actitudes extrañas. Por eso has de estar atento y perseguir cualquier pista.

Esta historia si hay algo que no es, es "real". Nada de anécdotas disfrazadas, testimonios relatados ni historias verídicas. Bajo un manto de adornos narrativos y disfraces que aparentan personajes comunes se esconde la verdad de la historia.

La publicación será todos los días Viernes a las 21 horas; obviamente con margen de retraso y posibilidad de cambio de estas fechas. Una vez dicho esto, espero les deleiten los episodios.

8 de diciembre de 2007

04 - Retazos

Una vez que se revolcó en el suelo lo suficiente marchó a subir las escaleras. Que alguien lo viera era lo que más le aterrorizaba... atravesó la recepción en puntas de pie. Contener aquella furia le significaba un remolino de recuerdos. De pronto se vio antes de títulos y responsabilidades, de “Señor Juglar” o “Noble asistente”, lejos de todas esas cosas que nada le importaban.
Allí estaba en la plaza. Contando a su hermana cómo había logrado que el perro no se escapara. Que “¡Pegué una salto de otrora!”, “Arañando su piel lo contuve de...”, y “...por poco me salvé de su tarascón.”. Ella lo miraba... lo admiraba. Él, tan grande y diestro en sus movimientos; ella, no más que una espectadora, una que ve el gran hecho y sólo observaba. Pero todo eso no le incomodaba porque bien sabía que sin ella él no sería y la nada sería y el todo ya no.
El relato se desvaneció de golpe y porrazo. Un ruido despertó a Juglar de ese estado de ensueño y se encontró subiendo las escaleras. Se detuvo en seco y con el rabillo del ojo miró hacia la puerta. No había nadie, la había cerrado el viento. Ya a salvo de miradas volvió a sus pensamientos. Rabillo... esa palabra le traía magia a la mente.
-Tenés que pensarlo un poco nomás. ¡Si tan sólo dejaras de mirar al tarado ese del banquito y escucharas cuando hablo!-
Su hermana tenía más arrugas que nunca. Él estuvo a punto de decírselo, pero el del banquito estornudó de una forma curiosísima y no pudo evitar desconcentrarse. Cuando volvió la vista a ella, notó que le tocaba contestar. No serviría volver a decirle que no le entendía. Seguro le había hablado del viejito.
-¡No es cierto! ¡No estoy mirando al viejito ese! Nomás que no me da la cabeza...-
-¡No me mientas! ¡Los dos sabemos que lo estás mirando con el rabillo del ojo! – Vociferó la joven. No le gustaba hablarle de ese modo. Pero sabía que él era muy capaz y que tenía que poder ayudarla. ¿De qué le servía a ella que en su casa le aprobaran todas sus teorías y palabras dulces? ¿De qué le servía que su padre fuera el reconocidísimo poeta y su madre la reluciente pintora? De nada si no se le plantaban con el pecho hinchado. Como hacía su hermano al ocurrírsele la forma de rebatirla.
-¿El rabillo? Siempre inventando palabras vos, no te cansás eh. –Inventó rápido. Pero vio que su cara estaba a punto de empeorar y se retrucó de inmediato – Pero no, mi bella principezza. Si usted sabe que su poesía podría voltear al príncipe más poderoso y comer el corazón de quien quiera. Nada más que ese viejito con todas esas piedras me distrae mucho. Mejor vamos a casa y me seguís contando ahí, ¿sí?-.
Había zafado una vez más. Pero de esta le estaba costando zafar, no era lo mismo. Ya estaba en su piso. Ahora atravesar el pasillo y ya habría llegado la habitación. Miró a la izquierda y a un paso había un hombre con la ropa un poco desgarrada, la cara todo arañada y extremadamente agitado. En un parpadeo notó que era un espejo y lanzó algunos insultos hacia sí mismo por su estupidez.
Llegó al cuarto. Buscó entre sus cosas aquella media piedra en forma de corazón, pero recordó que se la había dado al alquimista. Se tiró en esa insulsa cama de madera que de seguro había sido hecha industrialmente y otra vez sintió que se hundía en los pozos del recuerdo.
-¡Sos un tarado! Veintitrés años para nada... Mamá y papá luchando por sobrevivir y vos como un rey tirado en tu cama leyendo. Si ya sabés que el rey sacó a nuestro príncipe y que ahora vamos a tener que volver al trabajo duro, como dice papá. ¡Y vos seguís con esas historias del diablo!
El semblante de la joven últimamente estaba igual. De esa forma que tanta gracia le causaba a su hermano. Por eso no la miraba, no por lo interesante que fuera el libro de esgrima. Pero la escuchaba atentamente. No podía creer que ella, justamente ella, le dijera todo eso. Ella que si moviera sus cabellos en la corte tendría oro para construir un castillo. Que si quisiera podría hacer lo imposible...
-¡Vos sos la que está con las historias del diablo! No te das cuenta de nada, pareciera que ese rey te hubiera cerrado los ojos- De pronto se había parado. Su pasión no aguantaba un segundo más por destaparse. Le agarró sus dos manos y se puso frente a frente. Estaba ahí, tan cerca, y ella seguía sin abrir los ojos. Su cara había vuelto a la normalidad. Pero él no aguantó más y escupió sus palabras. – Si sabés bien que con toda tu magia y tus palabras podés adueñarte del mundo. ¿No estás cansada de que te lo repita? ¿Cómo querés que te lo diga?
Entonces aventuró sus labios. Hizo lo que quería hacer desde el rabillo. La palabra esa le recordaba la belleza de la joven. Estaba por fin conociendo la boca de su principezza, y era todo y más de lo que él quería. Era un sabor a magia inagotable.
Pero ahora en la corte sus labios estaban secos. La habitación le sobraba sin ella, y la cama le asfixiaba. Pensar que su cuarto, con las paredes grises y el olor que tenía, le habría sido más cómodo. En sí toda su vieja casa era mejor que el vació castillo. Pero no le habría gustado volver al patio. El patio donde se despidió de su único amor, donde rompieron su piedra en forma de corazón y cada uno tomó su parte. Donde se vieron por última vez hasta ahora. Ahora que la magia estaba en el rey, y que era solamente suya. “Solamente suya”. Esas dos palabras le torturaban la cabeza. Hasta que volvió a sentirlas y se alegró. “Solamente suya”... ahora la voluntad del rey era solamente de ella.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

creo que en esta parte se te escaparon ciertas expresiones que quizás no son acordes al texto. antes venía todo muy formal y esas expresiones minimas que dudo que hayas querido resaltarlas ("de golpe y porrazo", por ej) son chocantes, por decirlo asi. el modo de dirigirse, es tu cuento y quizás en esa tierra la gente se dirigía así, pero en los cuentos de fantasía siempre las formas tienen mucho peso y son rebuscadas, en un español antiguo pero entendible...

criticas constructivas, obvio.

Fede dijo...

¿Y...? ¡Ya pasaron como dos semanas! ¡Ac-tua-li-zá!

Anónimo dijo...

bueno ...

criticas constructivas:

nunca te salgas del contexto en el que venias escribiendo, en algunas partes uno lee y se siente de verdad como si estuviera pasando, pero de repente le metes terminos o expresiones de ahora y la actualidad se mezcla con lo que escribis y se corta la magia.



halagos :)
bueno..estos son muchos...

realmente sos un buen escritor y tenes lo q es necesario para q tus palabras lleguen a las personas y que ellas logren ver lo que vos sentiste al redactar la historia, me gusta la pasion que le pones y , personalmente me encantan las historias que transcurren en el tiempo de antes..felicitaciones!

Anónimo dijo...

lu